La educación actual
La educación siempre ha sido un tema complejo porque trata de conciliar los intereses particulares de los sujetos con las restricciones que impone el mundo social. Hasta hace pocas décadas había cierta unanimidad entre los valores sociales, los familiares y los valores que se transmitían desde la institución educativa por excelencia, esto es, la escuela.Los fenómenos de la globalización han hecho que los cambios sociales en estos últimos tiempos sean vertiginosos: las configuraciones familiares cambian, emergen otras formas de vida, otros intereses, diferentes culturas conviven por fenómenos como la inmigración... Todo ello desemboca en que los niños y jóvenes contemporáneos no formen un grupo homogéneo.La única institución legitimada para desplegar los valores educativos es la escuela. Sin embargo, actualmente ésta está sobrecargada de funciones, la profesión docente está desdibujada en múltiples tareas y generalmente los valores que se pretenden impartir chocan frontalmente con los que implícitamente propone la sociedad.Se hace necesario, y de manera urgente, una reformulación de los valores educativos, así como corresponsabilizar de la educación de las jóvenes generaciones a otras instituciones educativas debidamente legitimadas desde los diversos estamentos oficiales.
La educación siempre ha sido un tema complejo porque trata de conciliar los intereses particulares de los sujetos con las restricciones que impone el mundo social. Hasta hace pocas décadas había cierta unanimidad entre los valores sociales, los familiares y los valores que se transmitían desde la institución educativa por excelencia, esto es, la escuela.Los fenómenos de la globalización han hecho que los cambios sociales en estos últimos tiempos sean vertiginosos: las configuraciones familiares cambian, emergen otras formas de vida, otros intereses, diferentes culturas conviven por fenómenos como la inmigración... Todo ello desemboca en que los niños y jóvenes contemporáneos no formen un grupo homogéneo.La única institución legitimada para desplegar los valores educativos es la escuela. Sin embargo, actualmente ésta está sobrecargada de funciones, la profesión docente está desdibujada en múltiples tareas y generalmente los valores que se pretenden impartir chocan frontalmente con los que implícitamente propone la sociedad.Se hace necesario, y de manera urgente, una reformulación de los valores educativos, así como corresponsabilizar de la educación de las jóvenes generaciones a otras instituciones educativas debidamente legitimadas desde los diversos estamentos oficiales.
La educación de los jóvenes del siglo XXI no puede estar en manos de una sola institución, es necesario trabajar en red con otros estamentos educativos, definiendo roles, especificando funciones, abriendo lugares sociales donde los niños y jóvenes aprendan implícitamente y explícitamente los valores que una sociedad democrática como la nuestra pretende impartir.
Este tema nos llega ya casi extenuado y manido. Educación en valores, crisis de valores, resultados de encuestas sobre valores en la juventud que jerarquizan sus valoraciones.
Este tema nos llega ya casi extenuado y manido. Educación en valores, crisis de valores, resultados de encuestas sobre valores en la juventud que jerarquizan sus valoraciones.
Claro que sí, la educación transmite valores. El problema es cuáles y cómo. Lo más obvio es que transmitimos los valores que tenemos y que lo hacemos, no hablando de valores, sino delatando lo que valoramos: al hablar, al callar, al enseñar, en el cómo enseñamos, cómo evaluamos, etc. En cada momento o aspecto del proceso educativo se trasluce el ideal de persona, el modelo de excelencia, y el ideal de sociedad, el modelo de convivencia, que abrazamos.La sociedad, aunque no exclusivamente a través de la educación, pero sí también a través de ella, tiene obligación de transmitir los valores que nos permiten realizarnos y convivir como personas. Si nos referimos, por ejemplo, el sistema moral, la educación ha de transmitir el conjunto de valores, normas e ideales, obligaciones y prohibiciones compartidas. De hecho lo transmitimos, desde el punto y hora en que a cada miembro de la sociedad lo consideramos moral o inmoral según que adapta o no su conducta a ese sistema de valores de la sociedad en la que vive. La sociedad tiende siempre a ser conservadora en sus valores. Por necesidad, por pura sobrevivencia. Y eso se reflejará en la educación. Como dice Fernando Savater, en su Filosofía de la educación, la educación es siempre conservadora. La enseñanza está obligada a transmitir el conjunto de contenidos culturales básicos socialmente aceptados.Uno de los problemas que hoy enfrentamos para la educación en valores es que lo hacemos en una sociedad que es pluralista. Y el pluralismo, lo queramos o no, implica cierto relativismo. Ello exige mayor capacidad a los educadores. La enseñanza ha de ser pluralista porque lo es la misma sociedad. Los valores no son dogmas inamovibles o formas de ser eternas. El objetivo de una educación en valores, además de la transmisión de los mismos, ha de ser transmitir la capacidad de enfrentarse al pluralismo, al cambio, a la reinvención. No es fácil. Hay que ser para ello muy razonable. Es fácil desorientarse, desplomarse, culpabilizarse. Hay que saber discernir. Pero, de no ser porque ha habido “transgresores en conciencia” de lo establecido, todavía estaríamos hoy en la esclavitud, la pena de muerte, el servicio militar obligatorio, el machismo, la exclusión de las minorías, por no poner sino algunos ejemplos.Seguramente, uno de los valores más necesarios y más productivos en una sociedad pluralista es el diálogo. Desgraciadamente no es un valor en alza. Si la educación consigue educar para el diálogo (lo que supone razonar, escuchar, ponerse en el lugar del otro, defender sin interés espurio la propia convicción, estar dispuesto a aceptar que el otro pueda convencerme e intentar, sin imposiciones, convencer al otro…) habremos puesto una muy importante base para la educación en valores.
Cabe destacar que siempre que se trata de educar valores, hay cosas que no podemos olvidar:
· Los valores no se educan de manera abstracta. El concepto del “respeto a los demás”, por ejemplo, no tiene ningún interés. Sí lo tiene educar conductas de respeto, conductas concretas, como las que nuestros hijos e hijas muestran cada día por centenares. Para ello no hacen falta medios excesivamente avanzados. Lo puede hacer la familia y lo puede hacer la escuela, aprovechando el día a día de la vida del joven.
· Por lo tanto, utilicemos, tanto como podamos, “métodos prácticos” para ello: el ejemplo de cada uno de nosotros, el refuerzo positivo sobre conductas deseables de nuestros hijos e hijas, la reflexión sobre las cosas que pasan en la vida real de cada día... Utilicemos el discurso sólo cuando calculemos que puede tener algún efecto.
· Y lo más importante de todo: no olvidemos que los valores son, en definitiva, emociones. Por lo tanto, para educarlos, hay que crear las condiciones emocionales adecuadas. A eso se le llama un buen clima familiar o un buen clima escolar.
Los y las jóvenes de hoy se mueven en un mundo de gran libertad. No paguemos un precio demasiado elevado por ello: enseñémosles a utilizarla.
Les estaremos transmitiendo, sin duda, un gran valor...